

Aprovechando las vacaciones del semestre, decidí ir al doctor (dermatólogo) a quitarme un lunar que se veía sospechoso. Antes había ido a una clínica privada a tratarme una infección, donde me recetaron antibiótico y demás, pero en la cita de ayer comprobé lo que me habían dicho ya muchas personas: los doctores aquí son MUUY diferentes.Quizá estoy siendo muy crítica, o muy generalizadora, pero me parece que a los doctores aquí les falta algo, tal vez un poco más de dedicación a sus pacientes, no sé, más humanidad. Los dos doctores a los que he visitado se han pordado amables y cordiales, pero distantes, sin tomarse más de 15 minutos en la consulta. Preguntaron los síntomas, vieron mi historial familiar, hicieron preguntas de rutina y zaz!: la prescripción o la nueva cita. Es cierto, atienden a muchísimos pacientes en un día, y para que les rinda el tiempo deben atender lo más rápido posible. Pero yo me pregunto a cuántos pacientes les sabrán sus nombres? Probablemente a los que llegan con muchísima frecuencia.
Tal vez porque Guate tiene una especie de sensación a pueblo pequeño es que los doctores se toman más tiempo con sus pacientes, o quizá sea nuestra cultura la que nos hace ser más abiertos. Puede ser también que tuve "mala suerte" en encontrarme doctores aquí que son de rutina diaria, no sé, como dije antes quizá estoy generalizando demasiado, pero esperaba más.
Con tanta tecnología (la última en algunas especialidades) y tanto dinero (porque no precisamente cobran barato) un doctor debería tomarse el tiempo de conversar un poco, preguntar el nombre, u ocupación para no dar la sensación de que somos un número más en la lista, un paciente "n" de los tantos que pasan por sus clínicas y que llenan sus bolsillos contínuamente, porque para qué negarlo? Ser doctor se ha convertido en un buen negocio.
Me acordé de la obra de teatro de Margaret Edson "Wit" (ganadora del Pulitzer por drama en el 99), o de la película con Emma Thomson basada en la misma obra, donde narran parte del a experiencia de Edson al trabajar en un hospital y donde muestran a unos doctores lejanos y fríos, más interesados en utilizar a la protagonista como fuente de investigación que en verla como un ser humano.
Quizá estoy siendo exagerada al comparar los doctores con esa obra de teatro, pero si no hubiera sido por la enfermera, que me preguntó un poco sobre mi vida, habría pasado sin decir ni siquiera mi nombre al doctor y en limitarme a decir información relevante con el caso a tratar. Tal vez en eso consiste el "profesionalismo" o el ser eficiente al atender, quizá pueda incluso ser el miedo a ser demandado por tal o cual cosa, no lo sé. Lo que sé es que mi experiencia con estos doctores ha sido distinta, y me ha dejado un sabor insípido e insulso.
El próximo lunes tengo cita con el dentista y ya veremos qué tal me va...



