El 14 de febrero en Guatemala se celebra el "Día del Cariño". No sé la historia de cómo llegó a tener ese nombre, pero casi no se dice "Día de los Enamorados" o "San Valentín", sino todos dicen "Día Del Cariño" y en realidad es más bonito ese título. Invita a acciones buenas, generosas, y de atención a los demás.
Para mí el 14 de febrero siempre ha sido para celebrar la amistad. Desde que estaba en el colegio, intercambiábamos tarjetas con nuestras amigas deseándonos "feliz día" o agradeciendo por la amistad. En los trabajos se juega "amigo secreto", donde una persona deja durante una semana algo simbólico en el escritorio o lugar de trabajo del otro (un dulce o un chocolate) sin que la otra persona se dé cuenta quién es el "amigo secreto", hasta que en el "Día del Cariño" se hace un intercambio de regalos, promoviendo así la amistad en el trabajo. Yo varias veces llevé dulces o chocolates al lugar de trabajo para compartir con todos.
Por eso sé que ayer, 14 de febrero, muchas personas se juntaron en restaurantes o cafés a celebrar la amistad. Grupos de amigas y amigos desayunaron, refaccionaron, almorzaron o cenaron por esta ocasión para celebrar años de amistad. Es bastante común celebrarlo. Por ejemplo, mi mamá celebró "el Día del Cariño" el viernes pasado, con su grupo del cuchubal con quienes se ha juntado por más de 30 años. Eso es celebrar la amistad!
Así que no es de extrañarse que yo quiera celebrar el 14 de febrero en Houston. Pero aquí se limita a ser "el día de los enamorados", donde sólo las parejas lo celebran y para variar lo acompaña un sabor amargo a consumismo. Por supuesto en Guatemala, también los novios y esposos celebran el Día del Cariño con algo similar con corazones, chocolates, flores etc..pero es distinto creo yo. Quizá yo le veo un poco más de sinceridad a esta celebración en Guatemala, donde no se enfoca netamente en las flores o los diamantes como lo es aquí.
Muchas personas me dirán ingenua, pues sé que cada vez se está volviendo más comercial y parecido a la celebración estadounidense, pero a la vez me consuelo con leer los comentarios en Facebook que se juntan entre amigos o amigas para celebrar su amistad. Me consuela también haber recibido varios correos de mis amigas donde me desean feliz día y me agradecen la amistad de tantos años. Ese es el Día del Cariño para mí, siempre lo ha sido así.
Así que rescato este día, le desempolvo el consumismo y lo celebro a distancia, con mis amigos y amigas que están lejos, a quienes les tengo tanto cariño y con quienes hemos pasado tantas buenas memorias. A todos ustedes que a lo largo de mi vida han llenado un espacio especial en mi corazón les deseo que pasen un lindo día y les agradezco muchísimo su amistad.
De nuevo llegó el 11 de enero, en este caso el 11-1-11 y así se cumple un año más desde que inicié este blog, y se cumple también un año más de vida, de futuros recuerdos.
Quién iba a imaginarse que íbamos a seguir en Houston?
Es fantástico darse cuenta que la vida está llena de nuevos desafíos, de nuevas sorpresas, de nuevas experiencias. También es increíble admirarse de la capacidad de aprendizaje del ser humano. Las experiencias cuentan, y mucho.
Mi año estuvo lleno de recuerdos familiares, llegaron de visita mis hermanas y mi hermano (de Chile, de Guate y de Austria), y llegó de visita mi mamá. También estuvo lleno de nuevos desafíos, pues por fin empecé a trabajar en un lugar que realmente me gusta, haciendo algo que me encanta y poniendo en práctica los conceptos que en otro momento aprendí en la universidad. Con el nuevo trabajo, llegaron los nuevos amigos, las nuevas caras, los nuevos lugares, que le dieron un toque de novedad, que es siempre bienvenida.
Es fantástico poder ver atrás y recordar sólo cosas positivas. Para variar, mi año se inclina a lo fructuoso y éste que ahora empiezo se ve lleno de más sorpresas y novedades. Así que acompañada siempre de Sebas, empezaremos otro nuevo año con ánimo y la seguridad que como siempre, todo va a ir bien. :)
Desde que salí de Guatemala he pasado sólo una vez la navidad allá, en el 2007. Pasamos la navidad del 2006 en Chile, la del 2008 en Houston, la del 2009 en Austria y este año de nuevo en Houston. A pesar de vivir aquí ya 4 años, es increíble cómo ambos (Sebas y yo) extrañamos las navidades en nuestros países.
A mi mente llegaban los olores del ponche de fruta y los tamales, mezclándose con las "clásicas" empanadas de piña (tradición familiar) y los pasteles de fruta confitada. A la mente de Sebas llegaban los villancicos, la cola de mono, y la "sensación" de navidad en el verano Chileno. Ninguno de los dos vivimos lo que aquí tanto "promocionan" que es el "Santa Claus", o el "Papá Noel" o el "Viejito Pascuero". Ambos recordábamos cenas familiares, olores y sabores.
En días festivos como éstos es cuando más nos gustaría "teletransportarnos" a nuestros países para estar con todos. Aunque puedo hacer ponche de fruta y conseguir tamales Guatemaltecos por aquí, a la larga lo que ambos añoramos son las memorias que vienen acompañando los olores y los sonidos. El calor familiar, las sonrisas, los abrazos de los amigos y familia (que en Guatemala están acompañados de cohetes y fuegos artificiales), son las cosas que más se extrañan.
Sin embargo, ha sido una bendición tener amigos cercanos y familia de visita para completar las fiestas. Estuvimos hasta noche conversando y riéndonos de distintas cosas. A las 9 llamamos a Chile, a las 12 a Guate, y por unos instantes (y gracias a la tecnología) pudimos sentir que estábamos allí con todos.
Es extraño pasar la Navidad a distancia, me imagino que ha de ser difícil pasarla en un país donde no se celebra, o en algún lugar sin poder comunicarse con los seres queridos (como era antes). Nosotros tenemos una gran ventaja: estamos rodeados de gente buena que nos quiere y con la que podemos compartir momentos como éstos. Aunque las tradiciones no sean las mismas, ni las comidas, ni los sonidos, es reconfortante darnos cuenta que a la larga el cariño es lo que más nos une y lo que recordaremos algún día cuando ya no vivamos aquí. Mientras tanto, las fotos y las nuevas memorias: los futuros recuerdos que siguen escribiendo la vida diaria.
La carpa estaba armada y el almuerzo listo: ravioles con salsa de tomate, ensalada de maíz (en lata), fruta y jugo de uva blanca. El sol pegaba fuerte, pero el hambre y la ilusión de estar allí nos permitió olvidarnos de ello, pues comimos con gusto y sin mayor incomodidad (excepto por unas cuantas hormigas que rápidamente se percataron de nuestra presencia y comida).
Al terminar de comer, guardamos algunas cosas en el contenedor (a prueba de osos) apropiado para almacenar alimentos. El resto se quedó dentro del auto. Los guardaparques pasaban revisando que no hubiera comida afuera de los contenedores, impartiendo multas a quienes dejaran una hielera o algo llamativo. Realmente nos asombró cómo cuidaban del parque y los alrededores.
Empezamos a ver los mapas e iniciar el primer reocrrido. Nos recomendaron ir a "la ventana" a 4km de distancia, con un recorrido liviano para principiantes. Igual nosotros íbamos preparados: mochilas con agua, gorros, comida, cámara, GPS, trípode, binoculares, nada podía detenernos y sin más esperar emprendimos camino. Detrás de nosotros iba una familia con dos niñas de entre 5 y 7 años, por lo que corroboramos que el recorrido efectivamente no iba a ser tan difícil. Avanzábamos acia abajo admirándonos nuevamente del paisaje. El contraste de las montañas, de la cuenca, la vegetación desértica, incluso de los insectos que murmuraban alrededor. Una armonía perfecta de colores y texturas a distintas profundidades y distancias.
Ibamos siguiendo el recorrido de un arroyo, que tímidamente corría al lado nuestro. Podíamos ver su recorrido en algunas partes, y cómo en época de lluvia las aguas inundaban el lugar.
Cuando estábamos más cerca, podíamos escuchar otras conversaciones, de gente delante de nosotros, y eso nos indicaba que ya estábamos por llegar, aunque la acústica del lugar era fascinante, y podíamos escuchar sonidos a largas distancias.
Varias bajadas y subidas, y caminos en curva nos llevaron por fin a la ventana, pero al llegar no pudimos más que sorprendernos de su belleza. Increíble que la erosión provoque algo tan hermoso. La llamada "ventana" es una parte dentro de la cuenca, donde desemboca el arroyo que íbamos siguiendo hacia una enorme caída. Ésto ha provocado una vista en forma de ventana, como si la naturaleza misma hiciera un marco de su paisaje, para que lo apreciemos naturalmente. El vértigo no me permitió acercarme mucho, pero no fue necesario estar tan cerca para apreciar la belleza del lugar. Hicimos una pausa para ver con los binoculares el paisaje alrededor, que era sobrecogedor. A lo lejos volaba un águila o un halcón permitiéndose el lujo de ver ese paisaje todos los días.
Aprovechamos para hacer una pausa y tomar agua antes de volver. Dimos un último vistazo a la ventana y emprendimos el camino de regreso. Cuando llegamos a la mitad, vimos un rótulo que decía "hacia oak springs" y decidimos cambiar de rumbo y hacer el recorrido hacia allá. Sabíamos que podría ser más largo y más difícil, pero el tiempo estaba a nuestro favor, no eran ni siquiera las 4pm.
Emprendimos el rumbo, y veíamos a lo lejos varias montañas adelante que parecían estar bastante cerca. Una vez más comprobamos que las distancias no son las que parecen.
A la mañana siguiente, Sebas se despertó temprano, yo habría seguido durmiendo, pues la habitación aún estaba oscura. Luego de vencer el sueño y ducharnos, nos fuimos a desayunar.El hotel ofrecía una variedad de opciones para desayunar en modalidad de autoservicio.Había de todo, desde huevos revueltos, cereal, bagles, fruta hasta waffles, que no pude desaprovechar la oportunidad de comer.Al terminar el completo desayuno con la respectiva tacita de café y jugo de naranja, hicimos el "check out" del Hotel (el mismo chico desvelado nos atendió de nuevo) y partimos hacia Marathon. Eran las 8:00am y esperábamos estar en el parque a las 10:30.
En el camino, nos asombramos del paisaje, que al anochecer no pudimos observar bien.Una mezcla extraña entre montañas lejanas y desierto.Podíamos ver cómo hasta hace medio siglo efectivamente fue un área de crianza de ganado, pues la erosión era evidente. Me imaginaba esos paisajes que tantas veces han emulado en las películas de vaqueros con extensiones gigantescas de terreno hasta donde se pierde la vista y donde hasta hace poco el ganado seguramente era la fuente más importante de ingresos en la región. Ahora, las enormes praderas daban vida a otro tipo de paisaje, uno más desértico, pero no menos hermoso.
De repente, Sebas me mostró unos postes al lado del camino que le llamaron mucho la atención; de hecho, detuvimos el auto para poder observarlos mejor, pues no salía de su asombro. Aparentemente eran postes de telégrafo de los años 1800’s que permanecían a la orilla del camino como un tributo a la tecnología antigua.Lo increíble fue ver a pocos metros después una planta procesadora de gas natural, como si quisieran mostrarnos cuánto hemos avanzado desde entonces.
El camino hacia Marathon se hacía corto y podíamos ver ya las montañas del parque.Marathon es efectivamente un pueblo bastante pequeño que hace lo que puede con los recursos que tiene.Parece un oasis en medio del desierto, pues todo a su alrededor es seco y árido.Aprovechamos para llenar el tanque de gasolina y nos encaminamos al Parque.
Nos encontramos con el control fronterizo al que es obligatorio pasar a la vuelta. La idea de llevar los pasaportes se hacía concreta, pues sabíamos que nos los iban a pedir a la vuelta. Pasando el control fronterizo nos dimos cuenta que el camino se hacía más corto aún y en menos de una hora llegábamos a la entrada, no sin antes tomarnos la foto respectiva frente al rótulo de "Big Bend National Park".
Luego de avanzar unos cuantos kilómetros, llegamos a donde se pagaba la entrada y una guardaparques nos daba la bienvenida. Nos sugería acampar en la cuenca de los Chisos, que era el área más cerca y donde la mayoría de los visitantes que llegan por primera vez al parque alojaban. Pagamos los $20 respectivos que nos permitían estar por siete días y emprendimos camino.
La belleza del parque es algo indescriptible. Estar rodeados de tanta naturaleza es sobrecogedor. Nosotros, no podíamos dejar de ver alrededor mientras nos asombrábamos de tanta variedad. Una mezcla entre desierto y vegetación adaptada a ese clima, con el cielo despejado y los cerros de la cuenca hacia el fondo. A lo largo del camino habían carteleras que explicaban la vegetación y un poco de la historia para todo aquel que quisiera detenerse y mirar. Nosotros, por supuesto lo hicimos inmediatamente. Al bajarnos, nos recibió el viento acompañado de un silencio acogedor que nos llenaba de tranquilidad. Podíamos escuchar algunos grillos o saltamontes que se confundían a lo lejos. El paisaje era más solemne todavía, y sin darnos cuenta, estábamos murmurando, como cuando alguien entra a un lugar sagrado y debe bajar la voz como señal de respeto.
Estuvimos allí un buen tiempo, admirándonos de la naturaleza, de los millones de años de evolución y de cómo el paso del tiempo se palpa en lugares así. La cartelera nos indicaba que 100 millones de años atrás (en el período Cretácico), lo que ahora es el parque antes fue un gran humedal, con otro tipo de naturaleza y vegetación. Una vitrina protegida nos mostraba una réplica de un enorme fósil de apariencia reptil encontrado en el área.
Abstraídos y absorbidos por el paisaje del inicio nos percatamos que era tarde. Todavía hacía falta avanzar 30 kilómetros más hasta llegar a la cuenca, buscar un lugar dónde acampar (de haberlo) y establecernos, para poder iniciar "en sí" la aventura.
Al acercarnos a la cuenca nos abrazaba una montaña rocosa y gigantesca, en donde cambiaba el clima por completo. De hecho, como si quisieran demostrárnoslo un gran venado de cola blanca pastaba tranquilamente, mientras un correcaminos corría apurado hacia el otro lado.
La cuenca estaba llena de carpas y casas rodantes que acampaban como nosotros. Empezaría la nueva aventura de escoger (o más bien encontrar) un lugar dónde pasar la noche. De no encontrarlo, tendríamos que acampar en el desierto lejos de todo, o buscar alojamiento en el Hostal o cabañas de la Cuenca, perdiéndonos la oportunidad de dormir al lado de las majestuosas montañas pero con mayor comodidad (y a mayor precio).
Manejábamos por los sitios para acampar y esperábamos poder encontrar un espacio para nosotros, aunque rodeados de tanta naturaleza y de tantos colores quizá el lugar iba a ser lo de menos. Por fin llegamos al área donde no eran permitidos los generadores (lugar preferido para ver mejor las estrellas y estar más tranquilos por la noche). Quedaban sólo dos lugares, y escogimos el que vimos mejor, aunque lamentamos no tener una mesita con techo (como los demás campistas) que seguro nos iba a ser necesario al momento de comer (sobretodo en clima desértico). Luego de las decisiones respectivas nos quedamos allí, en el número 57 que durante dos noches iba a ser nuestra casa temporal.