domingo, 5 de octubre de 2008

Época de Huracanes: Ike v.5

Martes 16 de septiembre

Todavía con escombros en las carreteras y con el suelo saturado de agua salimos de Cypress hacia League City, a la casa del hermano de nuestra amiga Vivian, quien nos ofrecía un lugar más cercano dónde quedarnos mientras nos reconectaban la electricidad en nuestras casas. Mi ilusión de volver rápido se esfumaba cada día cuando llamaba al complejo de apartamentos preguntando si había conección de electricidad y me decían que no, que incluso todavía no conectaban el agua. Más tarde me acompañaron al complejo de apartamentos para revisar si tenía daños y así vi por primera vez el área donde vivimos afectada por Ike.

Cuando entramos al complejo de apartamentos no me esperaba tanto daño, no tanto como lo que veía. Las calles llenas de hojas y ramas, muchísimos árboles caídos, las cercas por los suelos, las piscinas de color café oscuro, los techos cubiertos con plástico impermeable y un silencio anormal alrededor. Por primera vez vi el complejo de apartamentos desordenado, parecía como si estuviera abandonado. Poquísimas personas habían vuelto y las que estaban llegaban como yo a revisar el daño y salían.

Al entrar al apartamento sentí una sensación de pertenencia mezclada con alivio al ver que todo estaba intacto y como me esperaba, ningún daño. Sin embargo había un olor ténue que se hacía más fuerte al acercarme a la cocina. Lo que había en la refri poco a poco se estaba descomponiendo y un olor fétido emanaba desde allí.

No me sabía de memoria todas las cosas que habían en la refrigeradora, pero sí sabía que antes de partir Sebastián a Chile habíamos ido al supermercado a "abastecer" de abarrotes nuestra cocina. Nada me preparaba al olor de comida descompuesta que salió al abrir el refrigerador. Una mezcla de carne con vegetales en descomposición me hizo de inmediato abrir las ventanas y las puertas del apartamento para ventilar un poco el lugar.

Tomamos tres bolsas de grandes basura y poco a poco veía la compra del mes desvaneciéndose en el basurero. El pollo empezaba a llenarse de manchas verdes, al igual que la carne. El salmón que teníamos para cocinarlo "algún día" tenía un aspecto esponjoso y la verdura congelada estaba nadando en agua tibia. Sorprendentemente los huevos estaban intactos, al igual que la margarina y el queso. La comida que me había preparado el día anterior también estaba en proceso de descomposición y los tamalitos de elote que había encontrado con tanta alegría en un supermercado latino no alcanzaron a despedirse. De repente, en la parte de abajo del refrigerador, una lechuga y dos chiles pimientos me sonreían presumiendo su frescura y envueltos todavía en su empaque original. A veces me costaba creer que la carne se descompusiera más rápido que una lechuga, pero la diferencia lo hacía el empaque. Los tomates pasaron a una mejor vida, al igual que la cebolla que no olía nada bien a pesar de estar en una bolsa "ziplock". Las papas y las zanahorias estaban sobreviviendo, lo mismo que la mostaza la salsa ketchup y demás frascos de vidrio que tenemos en la refri.

Poco a poco la refri fue quedando vacía y el 80% de lo que teníamos se iba en bolsas a la basura. Me ponía a pensar en el gran desperdicio de comida a nivel local y en cuántas personas podríamos haber alimentado con estos recursos. Pero en ese momento no podía hacer nada, nada más que esperar a que volviera la electricidad y aprender la lección.

Regamos las plantas y les dimos de comer a los peces, que también habían sobrevivido después de cinco días sin comer. Dejamos abiertas las ventanas y desconectado la refri. Tomé otra mudada de ropa y adjunté libros de la universidad, porque de alguna forma sabía que iba a pasar más tiempo fuera y así fue.

El miércoles acompañé a Tim a limpiar el resto de su casa. Con ayuda de dos motosierras, Tim y James cortaban las ramas, mientras los demás las movíamos al frente de su casa. Entre hojas y troncos, poco a poco hicimos dos paredes de 5 metros de largo y 2 de alto y todavía las hojas seguían en el suelo. Fue un trabajo en equipo que terminamos con éxito antes que anocheciera, porque todavía como en muchos otros lugares no conectaban la luz.

Al volver veíamos cómo la ciudad se iba levantando tímidamente, lugares que estaban en la oscuridad aparecían con luz; camiones recogiendo restos de árboles y ramas caídas se mezclaban con el tráfico normal, al igual que camiones de las empresas eléctricas. La ciudad se estaba ayudando a sí misma. Cada día escuchábamos más historias de cómo entre familiares y amigos se apoyaban en estos momentos, de cómo entre vecinos se turnaban generadores y se ayudaban con las comidas asando la carne de sus congeladores "descongelados". Nosotros eramos partícipes de esto, haciendo lo mismo. Una sensación de solidaridad y ayuda se respiraba en las calles.

Los días avanzaban y mi ansiedad por dormir en el apartamento se apoderó de mí a tal punto que decidí pasar una noche para corroborar mi habilidad para sobrevivir sin energía eléctrica. Tenía provisiones en lata para cocinar y una cocinilla de acampar en el garaje, también linternas, pilas recargables y dos veladoras. Llegué el jueves antes de que anocheciera, y vi el atardecer desde el balcón, escuchando entre el silencio los pájaros y los grillos.

Cuando la vecina de enfrente se dio cuenta que estaba sola, me invitó a cenar con ellos, que asaban hamburguesas en una parrilla. Ellos habían llegado desde el lunes, cuando todavía no conectaban el agua, pero se habían adaptado a vivir sin luz comprando un generador y varias lámparas a gas propano. Me invitó a quedarme y a jugar más tarde un juego de mesa. Realmente este espacio sin luz sirvió para muchos el acercamiento con sus familias retomando conversaciones en la sala y juegos de mesa. Volví a agradecer las buenas personas que nos han acompañado en esta estadía en Houston. Volví a darme cuenta de la generosidad y la solidaridad que hay entre los seres humanos especialmente en momentos de crisis. Así pensé que podía dormir allí en lo que regresaba Sebastián.

Una noche pasé en el apartamento y luego mis amigos me convencieron de no pasar más tiempo sola y sin electricidad. Así fue como el viernes, sábado y domingo dormí donde James en Seabrook. El lunes donde Tim (en compañía de un generador) y el martes donde Donna y Joel en League City. Fue una experiencia interesante, pues estuve inmersa en la cultura Tejana y en las casas de nuestros amigos a quienes les estoy todavía muy agradecida.

El miércoles 24 llegó Sebastián de Chile y con él también llegó la electricidad a nuestro apartamento. Fue la primera vez que dormí tranquilamente después de Ike y su compañía me recordaba que todo volvía rápidamente a la normalidad. El paso de Ike había terminado y en dos semanas la ciudad estaba recuperándose poco a poco. Los supermercados, las gasolineras, los restaurantes y demás tiendas abrían sus puertas normalmente. El tráfico volvía a las autopistas y la gente a sus trabajos.

Houston empezaba a ser la misma ciudad de antes y aunque todavía le faltara recuperarse, poco a poco tomaba el rostro que ya conocíamos. El huracán Ike pronto iba a ser del pasado e iba a formar parte de una anécdota más. Aunque había dejado mucha gente damnificada había unido a muchísima gente más, que como mis amigos ayudaban a quien lo necesitaba.

viernes, 3 de octubre de 2008

Época de Huracanes: Ike v.4


Domingo 14 de septiembre

Pasamos todo el sábado conectando el generador algunas horas, para cocinar y estar pendientes de las noticias, que no eran alentadoras. Áreas como Gálveston, la Isla Bolívar y la playa Crystal quedaron destruídas. Nosotros todavía en el nor-oeste de Houston nos preguntábamos ansiosos qué había pasado en Clear Lake, o en Seabrook. Nuestros amigos que viven en "El jardín del mar" estaban atentos a escuchar noticias del área y nada. Hablaban de otras regiones y de lugares cercanos, pero no lo suficiente.

La electricidad no tardó en volver en Cypress, y por fin pudimos ver las primeras imágenes por televisión. Las noticias eran sobrecogedoras. Cuando decían que las autopistas estaban inundadas, que el acceso era peligroso no mentían. A mí me costaba creer que Houston, que se jacta y se enorgullece de sus autopistas había sido vencido por el huracán. Ver cómo las carreteras se convirtieron en ríos y las casas en islas me pareció impresionante.

Los vientos de Ike fueron tan poderosos, que se llevaron muchos de los símbolos que identifican a Houston nacional y mundialmente. La fuerza de Ike venció a edificios, como la torre Chase, que a pesar de su altura y construcción moderna, cedió sus ventanas y parte de su techo. Uno de los estadios más grandes de Houston (el Reliant Stadium), donde cada año acogen a millones de personas en sus eventos, también sufrió daños en el techo. El Johnson Space Center, no se salvó tampoco, con ventanas y techos por los suelos. La ciudad entera estaba herida, dejando a más de 2 millones de personas sin electricidad, incomunicados y con noticias devastadoras y alarmantes en televisión. El día gris y lluvioso todavía, mantenía el ambiente sombrío y callado.

Por la tarde tres de mis amigos decidieron lanzarse a la aventura de manejar por las autopistas y a pesar de las recomendaciones y prohibiciones, dirigirse a sus casas para asegurarse si había daños. De esa forma fue como obtuvimos las primeras fotografías tomadas por ellos.

El paisaje cambiaba por completo. El área de Clear Lake y Seabrook pasó de ser un área bien cuidada, con árboles y parques, a un área entre escombros, ramas y árboles caídos. El daño era impactante. Árboles que llevaban 20 años en pie habían sido arrancados de raíz y vencidos al suelo. Botes pesqueros fueron arrastrados por la corriente a las calles y en algunos casos las casas. Pocas eran las vallas publicitarias que permanecieron intactas y lugares como Kimah, (donde está la famosa "boardwalk bullet") permanecían cerrados entre el escombros y abandono.

Había poca gente en las calles y muchos policías controlando. En áreas como Seabrook no dejaban entrar a los vecinos debido al gran daño en el sector, causando más ansiedad y preocupación. Al final, una esperanza: "el jardín del mar" no estaba prohibido el paso y pudieron darse cuenta que los daños, por lo menos en la casa de nuestros amigos Tim y Vivan, eran menores. Es decir, habían árboles que impedían el acceso, pero ningún daño directo a la casa. Volvieron a Cypress pensando en regresar a Seabrook al día siguiente a probar suerte para que los dejasen entrar.

En el camino encontraron a una ciudad como la de Houston sin movimiento. Las autopistas vacías y en las áreas residenciales, las personas salían tímidamente de sus casas a limpiar sus jardines y sus patios. Al mismo tiempo el Presidente George W. Bush declaraba estado de emergencia desde Gálveston permitiendo que otros estados se involucraran en la reconstrucción de la ciudad, enviando miles de camiones y recursos humanos.

El huracán había dejado una gran ciudad por reconstruir, millones de personas sin electricidad y servicios básicos, y miles de personas desalojadas o sin dónde vivir. Mientras tanto, yo a 200km de distancia veía todavía por televisión las imágenes entre escombros. Todavía íbamos a pasar dos noches en Cypress y yo, me imaginaba de vuelta en el apartamento el martes por la noche, cuán equivocada estaba!

...cont/

lunes, 15 de septiembre de 2008

Época de Huracanes IV: Ike v.3

Viernes 12 de septiembre:
Conforme avanzó el día estuvimos pendientes de las noticias que repetían una y otra vez las recomendaciones de seguridad y empezaba a relatar los primeros lugares inundados. Todos los canales locales estaban transmitiendo en vivo y directo mostrando las imágenes impactantes del momento. Los reporteros estaban en Gálveston con cortavientos enfocando en detalle la subida de la marea; algunos otros se iban a las marinas o entrevistaban a los dueños de casa preguntándoles qué iban a hacer si perdían todo.

Nosotros, de este lado todavía no sentíamos ni estábamos preparados para lo que venía. Veíamos la tele, como si fueran noticias en otro estado, porque las condiciones ambientales eran ajenas a lo que sucedía a 70 o incluso 100 millas de distancia. Así fue como almorzamos relativamente tranquilos y aunque seguíamos viendo las noticias decidimos cambiar las imágenes devastadoras por una película de humor. Poco a poco fue acercándose la madrugada del sábado y sabíamos que el huracán estaba por llegar y no podíamos detenerlo.

No fue necesaria ninguna introducción, Ike apareció desde el principio con fuertes vientos silbando y rugiendo, como advirtiéndonos de su potencia y su fuerza. Las ventanas temblaban y los árboles se movían de un lado a otro rindiéndose a sus pies. El huracán estaba aquí con nosotros y a pesar de sentir su fuerza, sabíamos que no era ni la mitad de lo que realmente había pasado en nuestra área.

Una hora después la electricidad dejó de funcionar, y con ella nuestras esperanzas que la categoría no fuera tan grande. Ike no tuvo piedad con nada ni nadie. De repente se escuchaba un silbido extraño, mezclado con una especie de quejido alarmante y los árboles contestaban con sus ramas y sus hojas golpeando las ventanas. Era una pelea que escuchábamos en la oscuridad.

Poco a poco fui acostumbrándome al sonido, o quizá fue el cansancio el que ganó, porque me encontré durmiendo en fragmentos, despertándome con algún sonido extraño o fuerte. Así en menos de 5 horas los vientos cesaron y nos encontramos sin electricidad y con restos de ramas y árboles al frente de las casas.

Ike cambió su rumbo y perdió su intensidad, dejando a su paso los restos de una ciudad atropellada y en muchos casos hundida. La lluvia persistió hasta la tarde, momento en que decidimos recorrer el vecindario hacia otra casa con acceso a Internet. Así fue como vimos un poco el daño en esta área y nos preguntábamos en silencio, cómo íbamos a encontrar nuestras casas?

...cont/

Época de Huracanes III: Ike v.2


Jueves 11 de septiembre:

A las 11 am llamó mi amigo Tim, preguntándome el número de mi zipcode. Cuando le dije 77058 me dice: -tu área está sujeta a una evacuación mandataria, al igual que la mía. Nosotros vamos a irnos rumbo nor-oeste a Cypress, puedo pasar por ti en 30 minutos.
Así fue como me encontré en menos de 20 minutos empacando nuestros documentos importantes, sacando las cosas cerca de la ventana, moviendo las plantas, y subiendo algunas cosas de Sebi (como su osciloscopio) del garaje, en caso se inundara. Debido a que nuestro apartamento está en un segundo nivel, y que nuestra área no está cerca del área costera no estaba tan preocupada por los daños… pero de todas formas dejé todo desconectado y apagado en caso de altos o bajos voltajes.

En media hora empaqué tres mudadas, linternas, baterías recargables y nuestros documentos importantes. Saqué la basura, desinfecté un poco el lavadero y apagué todas las luces. Tim pasó por mí poco tiempo después y nos dirigimos a su casa (que está muy cerca de la bahía) a empacar sus cosas.

En cuatro horas ya teníamos las cosas más importantes subidas a estanterías, y empacada comida y bebidas para el viaje. Llenamos una Toyota 4 Runner en un dos por tres con computadores, alimentos, bebidas, y documentos. Originalmente habíamos pensado evacuar por la noche, para evitar el tráfico, pero luego de analizarlo y de recibir varias llamadas nos dimos cuenta que la mayoría de personas no estaba saliendo temprano, así que nos apuramos.

El trayecto no fue pesado, sino como tráfico en hora pico. Alrededor se notaba gente en autos rodantes y en pickups llevando muchas cosas. Por supuesto los supermercados, las gasolineras y las tiendas de conveniencia estaban repletos. Gente comprando agua y abarrotes de primera necesidad se abalanzaban sobre las estanterías.

Al llegar a Cypress todo estaba tranquilo y sereno, con una tranquilidad extraña, que continúa así hasta ahora. Pareciera como si el cielo se estuviera preparando para lo que viene, el sol brillara más que de costumbre, y el viento desapareciera uniendo sus fuerzas al huracán.

Hoy por la mañana empezamos a ver las noticias, que para variar son alarmantes. A veces me pregunto si lo que muestran es demasiado exagerado o si se espera realmente un desastre, porque ahora sin que el huracán llegue, ya hay calles inundadas y se empieza a ver la alta marea.

El huracán entra mañana y parece que pasó de categoría 4 a categoría 3, sin embargo se esperan mareas de 18 a 25 pies (3-4 m) en áreas como Seabrook o cerca de la bahía, pero todo es especulación. Realmente no se sabe con seguridad el trayecto o la fuerza con la que va atacar, así como puede atacar directamente, puede que antes de llegar pierda intensidad y sólo llueva con viento. Mientras tanto yo estoy “sana y salva” en el nor-oeste atenta y pendiente de las noticias…ya veremos cómo encontraré el área cuando todo esto termine.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Época de Huracanes II: Ike


El año pasado los huracanes no llegaron a Houston, quizá sentimos sólo la cola de algunos. Este año ha sido distinto, pues en menos de un mes, se han acercado ya más de 4 huracanes (incluyendo a Edouard) y todavía no termina la época.

En este momento es Ike el que todos los noticieros (y Houstonianos) observan en detalle. De hecho se interrumpe la programación en la tele conforme avanza el tiempo y se sabe qué rumbo está tomando el huracán. Hoy, por ejemplo empezaron diciendo que el huracán iba a impactar el sur de Texas, cerca de Corpus Christi, pero mientras avanza el día el y se acerca la noche el trayecto está cambiando momento a momento, poco a poco más cerca de Houston aumentando la incertidumbre.

De nuevo la Universidad cerró y de nuevo muchos negocios y empresas van a detener sus actividades a partir de mañana. Ha habido varias declaraciones de prensa donde poco a poco personas de los condados aledaños a Houston están obligadas a evacuar, otras pueden evacuar de forma voluntaria (sujeto a la propia discración). Las fotos de los periódicos y noticieros muestran las autopistas empezándose a llenar, personas llegando aceleradamente en el supermercado vaciando los pasillos comprando aguas y alimentos no perecederos, o buses con pasajeros cargando equipaje pesado, también listos para salir.

Yo aquí ya empecé a tomar precauciones, cargué las baterías recargables, verifiqué los documentos importantes, moví algunos objetos cercanos a la ventana que pueden dañarse (como el telescopio) y estoy guardando la calma, tratándome de no dejarme llevar por el alarmismo de los noticieros.

Sebastián está viajando en este preciso momento rumbo a Santiago de Chile, lo que significa que tendré que "disfrutar" de este huracán sin su compañía, pero gracias a que hemos hechos muy buenos amigos, de todas formas voy a pasar el fin de semana acompañada. Mañana por la tarde dejaré el apartamento y me juntaré con ellos en una casa un poco más al norte. Aunque la ubicación exacta de donde estaré no es tan relevante, pues a la hora de la hora el huracán puede cambiar su rumbo.

Me parece interesante cómo está sucediendo todo esto. Así como puede ser una simple tormenta, puede llegar a ser un huracán clase 3 causando inundaciones, apagones y demás estragos. Todos, incluyéndome, estamos tomando las precauciones debidas para la llegada de Ike, ahora queda saber qué sucederá con su rumbo

...cont/