miércoles, 15 de agosto de 2007

Alex


Su nombre es Alex, lo conocimos anoche. Caminaba solo por las calles del sector donde vivimos. Le calculamos 40 años. Llevaba unos shorts, una playera blanca, tennis y una maleta roja mediana con rodos. Lo vimos muy cansado y a Seba se le ocurrió ofrecerle que lo lleváramos en el auto a su destino. Mi desconfianza me hizo dudar. Luego de observarlo mejor, vi que no se veía amenazante y accedí a llevarlo en el auto.

Le preguntamos a dónde iba, nos contestó a "Red Bluff" una avenida rápida ubicada a 8 km de distancia. Se subió al auto y cuando le preguntamos dónde en Red Bluff, nos dijo que lo dejáramos allí en medio de la calle, que iba a seguir caminando. Sebastián insistió en llevarlo a su destino y allí empezó a contarnos su historia. Por un momento me sentí como se sienten algunos taxistas conversadores que llegan a conocer una pequeña ventana en la vida de alguien más. En este caso, una ventana completamente distinta a la nuestra.

-Desde dónde viene caminando? le pregunté yo.
- Desde Nasa Road 1. Empecé a caminar ayer, nos contestó.
- Es una larga caminata, repuso Sebastián. Observando que había caminado ya 12 km
- Si, lo sé y créanme que ha sido difícil considerando mis rodillas.

Nos explicó que pensaba caminar hasta la corte de Pasadena (a 20 km más). Empezó a contarnos que el esposo de su mamá era una persona muy violenta y mala, que nadie quiso llevarlo y que por eso decidió caminar a pesar de tener las rodillas dañadas. Agradecía en cada oportunidad que tenía el gesto de nosotros, de llevarlo a su destino.

Sebastián le preguntó en dónde quedaba la corte, a lo que él respondió entre la 225 y el Boulevard Pasadena. Quedaba mucho más lejos de lo que creíamos. Igual seguimos llevándolo hacia allá y ambos imaginábamos el gran esfuerzo que tenía que haber hecho para llegar.

-Por qué va a la corte de Pasadena? preguntó Sebastián
-Porque tengo una cita mañana a las 8 am.
- A este paso era poco probable que hubiese llegado a tiempo, le dijo.
- Si, pero por lo menos lo intenté. Por eso les agradezco su gesto y ojalá no se hayan desviado mucho de su destino.

Nos dijo que iba a la corte a tratar un tema de accidente de tránsito, por lo que no tenía licencia. Dijo que tenía que pagar muchas multas y que había ya faltado a las audiencias varias veces. Que le habían quitado su licencia de conducir y que no podía trabajar por no tener auto. Que lo habían echado de su casa y que no tenía dónde vivir. Hubo un silencio incómodo después de eso, y luego dijo con tristeza.

- Realmente no tengo a nadie. Suena muy triste decirlo, pero es cierto.

Empezó a contar una historia que relacionaba a su abuela con un amigo y de cómo le habían puesto más multas... no logró terminar la historia. Se le trabaron las palabras, una y otra vez, como si fuera un disco rayado. Me asustó un poco.

A la larga nos dijo que a donde realmente tenía que ir era a la cárcel de Pasadena, pues si pasaba unos días allí le quitaban las multas, y como no tenía dinero para pagar, lo iba a hacer. Que era su única opción para empezar de nuevo.

Desviamos nuestro curso para llegar a la cárcel. Me empecé a preocupar si realmente nos decía la verdad, si no eran historias elaboradas. Pasaron imágenes por mi cabeza. Me imaginé que este señor nos decía historias una y otra vez y que nunca llegábamos al destino. Me imaginé que nos hacía daño, por un momento ví a Charles Manson en nuestro auto, o a un asesinon en serie. El pensamiento duró poco tiempo, y en ese momento quería que llegáramos ya. Después me tranquilicé. Me di cuenta que realmente no era una persona mal intencionada, vi que simplemente había tenido malas experiencias en su vida.

Por fin lo dejamos en la cárcel y Sebastián vio las cicatrices en sus rodillas (que estaban hinchadas por tanto caminar). Efectivamente había sufrido un accidente, se le veía la dificultad al caminar y moverse. Estaba muy agradecido por nuestro gesto. Nos dio la mano cordialmente y caminó hacia la comisaría, entró en la puerta con su equipaje, como si fuera un Hotel.

A la vuelta analizamos la situación. La conclusión fue que efectivamente sufrió un accidente que lo hizo perder la licencia de conducir y quedarse sin trabajo. Que no tenía dónde vivir (quizá porque lo echaron de su antigua casa) y que prefirió pasar las noches en la cárcel "pagando" la multa porque en la cárcel tiene cama y comida.

Nos imaginamos en su lugar, sin carnet de identidad, sin trabajo, sin familia, sin hogar, sin amigos, caminando por la noche 30 km para llegar a la cárcel a dormir y comer algo.

Anoche hicimos una buena obra, y como todo, deja algo en qué pensar. Nos sentimos agradecidos de nuestras vidas. Apreciamos las cosas que pasamos por alto (como tener rodillass para caminar). Vimos las oportunidades que tenemos al frente. Nos dimos cuenta de lo dichosos que somos. Ojalá Alex mejore su situación y logre incorporarse de nuevo a la sociedad. Esperemos haberlo ayudado en algo, porque él nos ayudó a nosotros a ser mejores personas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida Anabi
esta historia cercana me conmueve.. cuantas personas caminan sin destino, sin futuro y de repente tienen una luz de esperanza.. ojalá Alex pueda encontrar un espacio de humanidad...
Gracias por la vida que tenemos y por la posibilidad de acompañar a otros en su caminar..
Un abrazo
Vicky

BC dijo...

Para nosotros también fue una experiencia conmovedora.
Nos enseñó que realmente somos afortunados.

Gracias por comentar

:)